viernes, 22 de febrero de 2019

Crítica ‘Una cuestión de género’

“¿Con cuál de estos vestidos parezco más un hombre de Harvard”, pregunta el personaje de Felicity Jones a su marido, un deslumbrante Armie Hammer, en la primera mitad de la cinta. Ruth Bader Grinsburg fue la primera de su clase en Harvard, y se graduó con distinción de Columbia. Se sacó la carrera de derecho con honores, acudiendo, no solo a sus clases, sino también a las de su marido, en una época en la que un cáncer de testículos le mantenía impedido. Sin embargo, cuando se licenció, ni un solo bufete de abogados quiso “arriesgarse” a contratarla, sólo por ser mujer.

‘Una cuestión de género’ es el nuevo biopic feminista dirigido por Mimi Leder. Se trata de una historia más sobre una “mujer excepcional” (como se ha traducido el título de la película en Francia), que un siglo después del primer juicio desestimado por desigualdad de género, decide retomar la lucha que otras tantas abogadas de éxito parecían haber dado por perdida. Una de estas letradas es interpretada por la siempre brillante Kathy Bates, una tiburón del derecho en un mar atestado de hombres que la han hecho perder la esperanza con los años, y dejar aparcada la lucha por la igualdad de “género”. 

Casi en el mismo punto, con menos años y más excusas, está Ruth Bader, quién, después de la primera media hora de película, parece haber desistido en ser abogada, resignada a formar a la generación del mañana, mientras su hija le echa en cara que la lucha está fuera de las aulas.

Todo cambia cuando acepta un caso probono que la mayoría de su profesión parece haber dado por perdido. Un diamante en bruto sobre  discriminación de género, en el que la víctima es un hombre.

En un relato, quizás, demasiado previsible, puede que por estar basado en una historia real o por parecer un tema casi trillado en la actualidad. La película llega a hacerse eterna, tal vez debido a sus dos horas de duración, o a las interminables largas pausas que sobreponen en los momentos de “tensión”. 

Ni es un thriller, ni una película de suspense. Las personas en la vida real no se toman minutos enteros en silencio para responder, mucho menos en un juzgado.


La puesta en escena peca por ser demasiado pastelosa, recuerda a un intento de ‘Marvellous Mss. Maisel’, solo que sin justificación. No obstante, la maravillosa interpretación de Felicity Jones y la campaña publicitaria de Universal salvan la cinta y a Ruth Bader de hundirse en el desconocimiento, y convierten ‘Una cuestión de género’ en un entretenimiento más con el que pasar el rato.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Gracias William Goldman

Querido William Goldman, gracias por hacerme cinéfila

Todavía recuerdo cuando no me gustaba el cine. Solo pequeños momentos, en forma de flashbacks, muy borrosos, y seguramente algo distorsionados por el tiempo. 


Cuando era pequeña, mi madre censuraba muy rigurosamente mi disfrute audiovisual. No hablo de las películas de sexo y vísceras (tampoco creo que, ni ahora, ni entonces, tuviese ella alguna idea de quienes eran Quentin Tarantino o Martin Scorsese), hablo de cualquier cosa que rompiese con la ética y la estética de las princesas disney. Ni siquiera ‘Los Simpson’ o ‘Tim Burton’ eran bien recibidos en mi casa.

Aunque yo era feliz en mi jaula de cristal. Vivía cohibida del mundo real, pero me entretenían las películas, y, como todos los niños, confiaba en que si mi madre me lo prohibía, sería por algo. 

Un día, mi padre decidió probar a forzar una grieta en aquella jaula. Me convenció para ver una película que no parecía distar mucho del resto de títulos a los que estaba acostumbrada, ‘La Princesa Prometida’. A pesar de no ser de dibujos animados, acepté verla, como el pequeño Fred Savage acaba por aceptar escuchar la historia que su abuelo le narra. 



La historia me cautivó, consiguió hacerme sentir muchas más emociones de las que jamás ninguna de las otras películas me había hecho experimentar. 

‘La Princesa Prometida’ me hizo querer ver más. Luego llegarían Tarantino, Nolan, Welles, Woody Allen o Akira Kurosawa, pero Rob Reiner y William Goldman fueron quienes me hicieron confiar en mi padre a la hora de elegir películas. Me hicieron cinéfila.



Ayer no supe muy bien cómo reaccionar a la muerte de Goldman. Todavía recuerdo cuando empecé la carrera, y mis amigas me regalaron su guion. Fue el primero que leí. Estaba en inglés, pero solo me llevó unas horas terminarlo. Adoré cada “as you wish”, como si fuera la primera vez que lo “escuchaba”. Contribuyó a mi devoción por el mundo del libreto. Me motivó a escribir, y a querer ser guionista.





Dos Oscars y medio* me saben a poco. Los escritores son en el mundo del cine, junto al resto del equipo técnico, los menos recordados. Por eso escribo este torpe y apresurado artículo de opinión, para, aunque sea a pequeña escala, dar las gracias a William Goldman por sus historias.




*Aunque muy poca gente lo sepa, ayudó a Affleck y a Damon con el guion de ‘El indomable Will Hunting’, además de a Aaron Sorkin con 'Algunos hombres buenos'.

lunes, 13 de agosto de 2018

Insatiable - Netflix vuelve a atentar contra lo políticamente incorrecto

'Insaciable': 
La apuesta de Netflix por lo políticamente incorrecto


La felicidad no la da el estar delgada, pero puede contribuir a una buena venganza. La última creación de Netflix ha llegado en verano envuelta de polémica y devastada por la crítica. Sin embargo, ni todos los rumores son ciertos, ni la mitad de las críticas fiables. 

La nueva comedia ácida de Lauren Gussis, antigua guionista de Dexter, nace pisando fuerte, pero con uno de los peores capítulos piloto que hayamos podido ver nunca en una serie de este tipo (ni siquiera aquel primer capítulo alternativo de Big Bang Theory que horrorizó a su creador), aunque he de decir que a partir del segundo, no hace más que mejorar.

“Patty Bladell (Debby Ryan) es una adolescente con sobre peso cuya vida sufre un cambio radical en el momento en el que un vagabundo le rompe la mandíbula y consigue  adelgazar”. Esta es la reseña triste y superficial que ha revolucionado e indignado a todos los que han decidido ir en su contra, tal vez porque no pasaron del capítulo uno o porque resultaba más interesante caracterizarlo como un cliché frívolo e insustancial.

Debby Ryan abandona su trono Disney para pasarse al mundo de los adultos con un humor negro agresivo y violento, que nada tiene que ver con Jessie. La nueva apuesta de Netflix juega con lo absurdo de los tópicos para hacer una comedia juvenil de nueva generación. 

A la nueva Mean Girl no le valen los laxantes ni las barritas hipercalóricas como venganza, su sed de mal es insaciable, sobre todo cuando a alguien se le ocurre llamarla “gorda” o “mala persona”.

A pesar de la premisa, Insatiable es mucho más que la historia de una víctima del acoso escolar (más conocido como bullying) que resuelve su vida al adelgazar, Patty es una adolescente con mucho caracter y altamente inestable, a la que no le vale solo con estar delgada, quiere más. 

Alcanzar la felicidad es difícil cuando se es mala persona, y es que Patty no es ninguna santa, es egoísta, imperfecta y débil, como cualquier persona normal. A diferencia de la mayoría de series y películas con protagonistas femeninas, idílicamente buenas y perfectas, Ryan encarna al nuevo personaje de moda, el humano, que odia, sufre y rompe las reglas.

Desde una posesión infernal a drogas, robos, incendios y asesinatos, Patty Bladell no se priva de nada, pero como le ocurría al asesino más perturbador del mundo seriéfilo, Dexter, cada crimen está justificado, al menos para ella. Todo vale para conseguir ganar un certamen de belleza.

En una sociedad donde se relaciona directamente la delgadez con la felicidad, es hipócrita obviar el ansia de muchas niñas por ser perfectas cuando el culto al cuerpo de en sueño juega un papel tan importante en sus vidas. Cada vez son más los casos de trastorno alimenticio, como también lo son los de suicidio. Por 13 razones fue tachada de insensible por muchos adultos que se negaban a creer que lo que veían era cierto, así como ocurrió con Hasta los huesos

Insatiable no es una oda al cuerpo perfecto, retrata y critica de forma cruda aunque cuidada las inseguridades de muchas adolescentes que no se sienten a gusto con su físico, pero también la presión y los problemas que muchas de esas otras “personas perfectas” pueden llegar a tener. La belleza no es siempre la clave del éxito, e Insatiable se encarga de mostrarlo muy bien.


En resumen, ni el piloto ni el trailer hacen justicia a la serie. No es una maravilla, pero sí un buen entretenimiento veraniego para los amantes de lo absurdo y el humor negro. La estética de esta es muy parecida a la de Jane the Virgin, aunque algunos personajes como el de Alissa Milano (Embrujadas) o Dallas Roberts (Dallas Buyers Club) encrudecen todavía más su humor, recordando a otro tipo de series como Mujeres desesperadas, pues el personaje de Milano es el vivo recuerdo de Gabrielle Solis (Eva Longoria). 


Todo vale por la venganza.

viernes, 25 de mayo de 2018

¿Quién mató a Hannah Baker? fue David Lynch



CRÍTICA 
'POR TRECE RAZONES'

¿Quién mató a Hannah Baker? 
Fue David Lynch




Laura Palmer fue, antes que ninguna, el primer cadáver  convertido en protagonista de una serie de éxito televisivo. David Lynch se coronó como el genio del thriller incomprendido con la primera temporada de Twin Peaks en los años 90. Aunque, como siempre, quien ponía la pasta acabó por cargarse su compleja trama al resolver el crimen en la segunda temporada.

Sin a penas opciones de catálogo, toda una generación quedó marcada por el misterio del homicidio de aquella chica bipolar e inestable, que tanteaba con las drogas y que, de alguna manera, personificaba todos los problemas que afectaban a los jóvenes de su época. Aunque, si probáis a preguntarles, probablemente la mitad ni siquiera recuerden quién fue el sádico asesino que acabó con la vida de la dulce Laura Palmer.

Esta vez, con menos fantasía, pero sin dejar de lado las drogas, las violaciones y el acoso escolar, la que vuelve es Hannah Baker, igual de muerta que siempre, pero con más peso que nunca en esta segunda parte. 


En una especie de intento por hacer las paces con todos aquellos que criticaron en un primer momento la serie, una vez más, es la productora quien hace de las suyas para dibujar la línea en los límites de lo correcto. Una pena, que esa raya no exista en la realidad. Lo que diferenciaba a Por trece Razones del resto de series adolescentes era su humanidad y realismo, como en su momento hicieron las primeras generaciones de Skins. Era imposible estar seguro de lo que podría ocurrirle a ninguno de sus personajes.

Se hace justicia a la frase de “las segundas partes nunca fueron buenas”. La segunda temporada de Por trece razones diseña una nueva historia que no tiene sentido, porque, si fuera cierta, debería haber sidomencionada en las cintas.

Hubo gente que odió a Hannah en la primera temporada, la llamaron egoísta por hacerle eso a Clay, yo preferí el término de humana. Ahora Hannah directamente es estúpida, aparece en forma de delirio en la mente de Clay, y en los confusos flashbacks que reconstruyen los testimonios de un juicio equivocado, en el que solo se juzga al instituto, y no al violador que, como siempre, hace lo que hace por problemas con su madre.


Las drogas de Laura Palmer también aparecen, pero ahora el acoso escolar ocupa un nivel superior al que los rumores y gamberradas ocuparon en el pasado. En esta segunda temporada de Por trece razones hay algunas escenas de acoso que llegan a ser desagradables hasta para el espectador más avezado.

Desde el primer capítulo te preparan para un final que, aunque sea predecible, esperas con ansias. Sabes que va a ocurrir, no te lo dejan caer, más bien, te lo dicen a gritos. Pero no ocurre, simplemente lo solucionan de una manera muy falsa, contraria a todo lo que pasó en la primera temporada.

Muchos adultos acusaron a la serie de peligrosa por ofrecer el suicidio como una opción, cuando lo único que sus responsables buscaban fue mostrar la cara oculta del instituto y el sufrimiento real al que muchos adolescentes se enfrentan a diario. 

Está bien que hayan creado una web de ayuda para jóvenes, y que la anuncien al final de cada capítulo, pero no tiene ningún sentido que cambien el ritmo de la serie, como tampoco lo tenía realizar una segunda temporada de un único libro.


Por trece razones no es Twin Peaks, aunque su publicidad recuerde mucho a la de entonces, y algunos giros del guion se parezcan a los de Lynch, por suerte todavía no se ha añadido la etiqueta de ciencia ficción a su ficha, aunque les doy otra temporada para que pase. 

miércoles, 28 de febrero de 2018

Lady Bird - Otra comedia sobre los problemas de una adolescente

'Lady Bird': Otra comedia sobre una adolescente con problemas

Título: Lady Bird

Director: Greta Gerwig

Guion: Greta Gerwig

Año: 2018

Reparto: Saorise Ronan, Laurie Metcalf, Tracy Leff, Lucas Hedges.

Referencias: The Edge of Seventeen 

Crítica sin spoilers: Lady Bird es la chica indie sobrenatural que descubre que no es tan diferente al resto como pensaba. Pues, a pesar de creerse una incomprendida, acabará cayendo en los mismos tópicos que el resto de jóvenes de su edad.

Christine, su verdadera identidad, es una adolescente de 17 años acomplejada y muy, muy dramática, cuya edad del pavo parece haberse alargado, para dar paso a la clásica actitud ególatra del teenager americano. 

Toda la culpa es de su madre y cada vez que algo le sale mal, a la pobre Laurie Metcalf (la madre de Sheldon en Big Bang Theory) le toca pagar los platos rotos.

Desde el primer amor de una chica criada en una escuela católica, obligada a ligar con "15 cm para el Espíritu Santo" de por medio, hasta el bofetón de realidad del momento en el que la chica se percata de lo dura que es la vida real.

Saorise Ronan deja claro que ha nacido para interpretar a Christine, se siente cómoda sin terminar de salir del cine indie, pero se reafirma como actriz con un personaje protagonista, bastante potente y difícil que borda desde la primera secuencia, tirándose de un coche en marcha solo para decir "Fuck you, mum" (Que te jodan, mama).

Greta Gerwig, la directora, ha conseguido estar en boca de muchos cinéfilos por este largometraje tan extrovertido. Dar el paso del guion y la interpretación en películas independientes a estar nominada a un Oscar a Mejor Dirección es algo de lo que sentirse orgullosa. Sin embargo, su historia no es novedosa, pues no tiene mucho que envidiar a demasiadas películas con tramas muy parecidas. 

Sin acudir a los clásicos, la cineasta Kelly Fremon estrenó el año pasado un largometraje muy parecido llamado The Edge of Seventeen, con Hailee Steinfield como protagonista, .

Dos chicas incomprendidas que viven los dramas propios de su edad, ambas con hermanos mayores a los que no soportan y una familia que supuestamente las odia. Grandes artistas internas, bohemias o diferentes que se ven forzadas a adaptarse para gustarle al chico que les gusta, pero que luego van de rebeldes sin causa porque no son como las demás. 

Una lleva el pelo rosa, la otra solo era castaña. Lo único que separa una historia de la otra, son las 5 candidaturas que tiene Lady Bird para los Óscar y la presencia del maravilloso Timothée Chalamet (nominado a Mejor Actor por Call me by your name) en la misma.

Después del bombazo de Guillermo del Toro sobre el supuesto plagio al premio Pulitzer Paul Zinder, todo apunta a que la cineasta se llevará la estatuilla a casa, en unos Óscar firmados por la controversia que prometen muchas sorpresas este domingo 4 de marzo. 

miércoles, 31 de enero de 2018

Tres anuncios en las afueras - Anticiparse a la reacción humana

Tres anuncios en las afueras - Anticiparse a la reacción humana

Género: Drama/ Humor Negro


Duración: 1h y 55 min

Director: Martin McDonagh

Guion: Martin McDonagh

Reparto: Frances McDorman, Woody Harrelson, Sam Rockwell.

Año: 2017

Referencias: Siete psicópatas, Fargo o Escondidos en Brujas


CRÍTICA SIN SPOILERS
Escondidos en Brujas fue solo una declaración de intenciones. Con Siete psicópatas demostró su valía. Ahora, hace honor al título de autor presentando Tres anuncios en las afueras.

Martin McDonagh demuestra que, en el cine, todavía quedan historias que contar; el humor negro sigue estando de moda, no hay reglas escritas en cuanto tramas y las reacciones humanas pueden llegar a ser de lo más desconcertantes.

El director continua modelando su estilo.  Solo que ahora es aplaudido por ello. Quien empezara como autor incomprendido, digno de Sundance, ganador de un Oscar a mejor cortometraje y nominado, en 2008, a Mejor Guion, es ahora venerado en Hollywood. 

Una mujer, la bestial Frances McDormand (Fargo, Moonrise Kingdom), está cansada de que la policía no haga nada por encontrar al sádico criminal que violó y asesinó a su hija. Decide no quedarse de brazos cruzados y hacer algo, para incentivar al cuerpo.

Plasma su furia en tres gigantescos carteles rojos, a las afueras del pueblo: "VIOLADA MIENTRAS MORÍA", "¿Y TODAVÍA NO HAY ARRESTOS?", "¿CÓMO ES POSIBLE, JEFE WILLOUGHBY?"; gritan las gigantescas vallas, colocadas en la misma explanada donde la violaron.

La polémica no hace más que ensuciar la imagen de la comisaría de policía, en especial de su teniente, el ingenioso Woody Harrelson. No obstante, se convertirá en un aliciente para que el resto de la comisaría se ponga las pilas. Para terminar de dañar la imagen del cuerpo de ley, está el agente Dixon, Sam Rockwell.

Sam Rockwell vuelve a trabajar con McDonagh. El que fuera Charlie, el psicópata número cuatro, nunca podrá interpretar para el cineasta a un individuo banal, porque es brillante haciendo de diferente y sería un auténtico desperdicio darle un papel de persona normal. Esta vez, hace de un policía racista y trillado, demasiado impulsivo y malcriado, que no termina de olvidarse de su personaje en Siete psicópatas.

Woody Harrelson también repite con McDonagh, pero, en lugar de psicópata, parece haber interiorizado su papel de Marty Hart (True Detective). El veterano "asesino nato" de Quentin Tarantino y Oliver Stone da vida ahora a un policía al que se le echan encima muchos más problemas que un cáncer pancreátco.

McDonagh sigue al pie del cañón, logra exprimir al máximo su reparto de altura, convirtiendo lo que podría haber sido una película de Antena tres sobre el secuestro de una niña, en un relato "cinco estrellas" que deja volar la imaginación del espectador, pero sin darle la posibilidad de desentramar el desenlace.


miércoles, 17 de enero de 2018

The Greatest Showman - De predecible a magistral

The Greatest Showman - De predecible a magistral

Género: Biopic, Musical


Duración: 1h y 45 min

Director: Michael Gracey

Guion: Jenny Bicks y Bill Condon

Reparto: Hugh Jackman, Zac Efron, Michelle Williams, Zendaya

Año: 2017

Referencias: Moulin Rouge y La la land




CRÍTICA SIN SPOILERS

En 2001 un bohemio Ewan McGregor revolucionaba junto a Nicole Kidman todo lo preestablecido sobre lo que debía ser un musical. 

Su historia de amor destilaba el romanticismo de la época en la que se ambientaba, y la estrafalaria puesta en escena -idea de Baz Luhrmann- rompía todos los esquemas y recuperaba un género abstracto que todos creíamos que había pasado de moda. 

Con temas de Elton John, Nirvana, Madonna o The Police, sin música original, hicieron una obra de culto de un musical. 

El año pasado, La la land encandiló al público, y enamoró a un mundo que la eligió mejor película de 2017, aunque antes la Academia se encargó de ridiculizarla en la ceremonia de losa Oscar. Los mismos compositores que unieron a Mia Y Sebastian, ponen parte de banda sonora a este relato de ambición, "million dreams"*, cumplidos y frustrados, ilusión y perseverancia, basada en hechos reales y relatada de forma magistralt. 

La vida real es predecible, no sorprende con grandes giros dramáticos, ni termina con finales acojonantes con todos muertos, vivos o el fin del mundo tras un apocalipsis zombie.

Es difícil hacer de una historia real algo interesante, pero algunos genios de la dirección son capaces de convertir lo predecible en maravilloso, cuidando cada detalle. En un musical, es incluso más difícil lograrlo. 

Sin embargo,  Michael Gracey, Jenny Bicks y Bill Condon parecen haberlo hecho con El Gran Showman

Las canciones no complementan las escenas, tampoco frenan la trama para explicar la emoción evocada. En su lugar, sustituyen algunas secuencias, dan vida a la escenografía y desarrollan a cada personaje de manera majestuosa. 

La triste adolescencia de una niña rica, a la que envían interna a un colegio lejos de su amor, cobra otro sentido cuando viene hilada con una canción sobre los vaivenes de la vida y los desprecios de esta.

Una aburrida reunión de negocios puede resultar divertida, cuando hay whisky y números de baile de por medio.

Y sin duda lo mejor, una manifestación contra los prejuicios de la sociedad, es capaz de ponerte los pelos de punta con la ganadora a Mejor Canción Original, This is me

Bill Condon parece haber enmendado su empalagosa época de bodrios con las adaptaciones de Amanecer parte 1 y 2, con La Bella y la Bestia y este largometraje, demuestra que sigue siendo el mismo cineasta detrás de Cabaret, y el responsable de aquel precioso proyecto de un longevo Sherlock Holmes con Mr Turner.

Zac Efron crece como actor y deja a Troy Bolton relegado en el banquillo. Tal vez no haya nacido para dedicarse al cine de acción o dramático, pero con esta película deja claro que en la comedia y el musical, siempre tendrá un papel reservado

Hugh Jackman demuestra que no pierde fuelle, canta incluso mejor que en los Miserables y se reafirma actor camaleónico que no vale solo para hacer de Lobezno. 

Por otro lado, Michelle Williams se suma a la lista del botox, intentando aferrarse al pasado, su rostro -ahora inexpresivo- hace que su antigua habilidad interpretativa pase completamente desapercibida. 

El Gran Showman no será elegida Mejor Película por la Academia, pero como Moulin Rouge en 2001 y La la land en 2017, habrá marcado la historia del cine y de la música.


*Es el nombre de una de las canciones de la BSO. Traducción: Millones de Sueños.